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La jugada de Cristina adelanta para hoy el escenario de balotaje de noviembre

La jugada de Cristina adelanta para hoy el escenario de balotaje de noviembre
Al llevar a Alberto Fernández como candidato, se desdibuja el rol del "peronismo alternativo" y se obliga al macrismo a conformar un nuevo frente electoral
Por Fernando Gutiérrez
18.05.2019 13.46hs Política

Todos están tratando de interpretar. A esta hora, no hay actividad con más adeptos, gracias a un nuevo golpe de efecto de Cristina Kirchner, que confirmó su capacidad para ubicarse en el centro de la atención nacional.

Lo que está por verse es si es una jugada magistral o un error que le costará la elección. Pero en todo caso, lo cierto es que su anuncio de que resignará su candidatura a presidente, para conformarse con el cargo a vice y cederle el primer lugar a Alberto Fernández cambió la estrategia de "todos y todas".

Por caso, hay analistas financieros que desde el exterior empezaron a hacer consultas febriles, con la probable intención de vender los bonos de deuda argentinos. En su análisis, lo anunciado implica una mayor probabilidad de un regreso del peronismo al poder y, por ende, un mayor riesgo de problemas económicos.

En el plano político, hay quienes festejan, quienes se preocupan y quienes recibieron la noticia como un baldazo de agua fría.

Los más afectados, y que quedan obligados a reaccionar de forma urgente ante la novedad, son los integrantes del "peronismo alternativo". Es decir, Sergio Massa, Roberto Lavagna, Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey, Miguel Pichetto y compañía.

Para ellos, la jugada de Cristina puede ser un golpe que los deje fuera de juego. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que Alberto Fernández es, en el fondo, uno de ellos. El hoy candidato a presidente fue compañero, asesor y estratega de Massa en los últimos años.

Alberto Fernández, el garante de que no habrá "vamos por todo"

Ni bien se conoció la noticia del "renunciamiento" de Cristina, las redes sociales estallaron con videos de archivo en los cuales Alberto Fernández criticaba con dureza a Cristina. O, mejor dicho, a todo lo que hizo Cristina cuando él dejó el cargo de jefe de gabinete.

Hay fragmentos de entrevistas y varios tuits en los que Alberto fustiga las principales decisiones del segundo mandato de Cristina. Menciona explícitamente temas hipersensibles, desde el cepo al dólar hasta el acuerdo con Irán, los casos de corrupción, el relacionamiento con la justicia y hasta la muerte del fiscal Alberto Nisman.

El ahora candidato a presidente fue quien en 2003 ofició como armador político de Néstor Kirchner, cuando el ex gobernador de Santa Cruz era un recién llegado a las grandes ligas de la política, que tenía dificultades en encontrar gente que quisiera ocupar los cientos de cargos que hay que llenar para conducir una gestión de gobierno.

En ese momento, era Alberto quien, gracias a su vasta agenda y los contactos que le habían dejado sus años cercanos a Domingo Cavallo, pudo arrimar gente y lograr que le levantaran el teléfono para pactar un acuerdo de gobernabilidad los empresarios y sindicalistas más poderosos.

Ahora todos están recordando las diferencias de Alberto con Cristina, pero ella está recordando esos primeros años. Y sabe que en su ex funcionario puede encontrar las llaves para volver a intentar el "gran acuerdo nacional" que había propuesto al presentar su best seller "Sinceramente" –no por casualidad, con Alberto sentado en primera fila y siendo elogiado como inspirador del libro-.

Pero Cristina, naturalmente, no olvidaba las duras críticas que Alberto le había proferido. No sólo no las olvidaba, sino que fueron, justamente, esas diferencias, las que la convencieron de tomar su decisión.

Cristina sabe lo que todos los encuestadores y analistas están diciendo, que aproximadamente un 40% del electorado la votaría a ella y jamás lo haría por Mauricio Macri, que otro 40% piensa exactamente lo opuesto y que hay un 20% que está desilusionado con ambos. Todos comprenden que ganará quien conquiste a ese 20% que hará de árbitro.

Ese es el espacio donde, hasta ahora infructuosamente, los dirigentes del "peronismo alternativo" quieren hacer pie y, sobre la base de victorias electorales provinciales, como la del domingo pasado en Córdoba, construir una fórmula "superadora de la lógica de la grieta".

El temor de Cristina es que, como un candidato de ese espacio –Massa, por ejemplo- necesitará diferenciarse del kirchnerismo durante la campaña hasta octubre, resultará difícil que luego esos votantes se vuelquen hacia quien tanto se criticó durante seis meses. Ergo, el razonamiento de Cristina es que no se puede esperar hasta una segunda vuelta electoral en noviembre para tratar de seducir a quienes estuvieron toda la campaña recordando sus defectos. El momento de hacerlo es ahora.

Y es ahora cuando cobran más sentido las declaraciones de Alberto Fernández el martes pasado tras la visita de Cristina a la sede del Partido Justicialista. Oficiando como vocero de la ex mandataria, declaró que la intención era formar un frente popular lo más amplio posible, en el cual había que sumar a los gobernadores provinciales y mencionó explícitamente a Massa, "que tiene muchos votos".

El "ser o no ser" de Massa

Massa es ahora quien tiene que jugar sus cartas. La movida de Cristina es difícil de digerir para él, porque toda su estrategia política ha consistido en mostrarse como un peronismo no kirchnerista. Más aún, como un peronismo que hará de garante de que el "vamos por todo" no se vuelva a instalar. A fin de cuentas, una de las frases que más le gusta repetir a Massa es que su mayor contribución al país fue haber frenado, al ganar las legislativas de 2013, el proyecto de re-reelección de Cristina para 2015.

Para quien ha hecho de su anti-kirchnerismo su principal activo político, esta jugada de Cristina es peligrosa, porque implica el riesgo de que su espacio se diluya y su perfil pierda atractivo. Si Alberto Fernández, que fue muy crítico del kirchnerismo, llega a ser presidente, ¿quién necesita a Massa? Será Alberto quien cumpla la función de garante de que aquellas aristas más espinosas del kirchnerismo no se repetirán.

Alberto, para los ojos de la opinión pública no kirchnerista, será quien impida que la gestión de gobierno sea copada por La Cámpora. Será quien impida que se vuelva a repetir "errores" como el conflicto con los productores sojeros, o como la instauración del cepo cambiario, o que se le dé una impronta de confrontación al discurso oficial ni se reinstale la cultura política que encarnó "6-7-8".

Hablando en términos electorales, en el cálculo de Cristina, el hecho de que Alberto encabece la fórmula es la forma de romper el "techo" de 40% que vienen mostrando las encuestas.

Ahora, el peronismo alternativo tiene dos posibilidades. Una es mantenerse en su espacio, arriesgándose a perder su razón de ser, porque le resultará más difícil la diferenciación. En ese caso, estará obligado a endurecer su discurso y ser mucho más crítico del kirchnerismo que lo que viene mostrando hasta ahora.

La otra opción es aceptar el llamado y, eventualmente, perder contra la fórmula Fernández-Fernández en una PASO panperonista. Lo cual implicaría que el movimiento alternativo quedaría diluido definitivamente. Acaso Massa se sienta tentado por el ofrecimiento de un cargo importante, como la gobernación de Buenos Aires, para aceptar la convocatoria.

Macri y la presión de una jugada en espejo

Finalmente, queda la reacción desde el gobierno. Que a estas horas tiene varias preocupaciones. La más urgentes es la apertura de los mercados el lunes, posiblemente nerviosos y con mayor presión sobre el dólar y los bonos de deuda argentina.

Y, en cuanto a lo electoral, tratando de sopesar el alivio y el terror que les produce que Cristina no sea candidata. La nueva situación le pone un condimento nuevo a la lógica de la polarización. Y, así como Cristina está tratando de sumar al peronismo no K, Macri sentirá la presión de formar una coalición más amplia de lo que es actualmente Cambiemos.

La convención radical del próximo lunes 27 será otra fecha señalada en rojo. Habrá en los próximos días un llamamiento para que el espacio que confronte con Cristina sea amplio, que también se muestre autocrítico, y que esté dispuesto a sumar gente que hasta ahora estuvo alejada y señalando errores. Nombres como el de Martín Lousteau y hasta el de Roberto Lavagna empiezan a ganar preponderancia para esta nueva etapa.

Está, además, la opción con la que Macri no quiere saber nada, pero que ya se plantea de manera explícita. Que resigne, también él, la candidatura a la presidencia. Acaso sea el "volantazo" de Cristina el factor que faltaba para gatillar un pedido masivo por la candidatura presidencial de María Eugenia Vidal, otra forma de superar el "techo" electoral de Macri.

En estas primeras horas, mientras todos repiten en loop el video de Cristina –que, por su esfuerzo de edición, deja en claro que el secreto bien guardado estaba definido hace varios días-, la ex presidente confiará, además, en que su propia tropa comprenda la nueva estrategia. Es, posiblemente, la parte más fácil: no por casualidad, muchos trajeron a colación el término "renunciamiento", haciendo alusión a Evita en 1951. Y, más sugestivamente, otros recordaron el histórico lema de las elecciones de 1973, ese que rezaba: "Cámpora al gobierno, Perón al poder".

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